La dignidad del paciente desde una estructura expansiva

Dr. en Fil. Ángel del Moral

Universidad Autónoma de Aguascalientes

1. Introducción

Como dice la Ley General de Salud, “los usuarios tendrán derecho a obtener prestaciones de salud oportunas y de calidad idónea y a recibir atención profesional y éticamente responsable, así como trato respetuoso y digno de los profesionales, técnicos y auxiliares.” (LGS, art. 51) “Los beneficiarios del Sistema de Protección Social en Salud tendrán además de los derechos establecidos en el artículo anterior, los siguientes: […] III. Trato digno, respetuoso y atención de calidad.” (LGS, art. 77 bis 37). Ahora bien, ¿qué puede significar concretamente ese “trato digno y respetuoso” desde la perspectiva de un paciente?

2. Dignidad humana

Sin pretender abordar ahora a fondo este concepto,[1] hablar de “dignidad humana” significa hablar de la vida humana desde una perspectiva integral, del valor y el respeto debidos al ser humano. La “dignidad” se refiere al valor y respeto debidos a algo. Que el ser humano tenga dignidad significa que es valioso y merece respeto. La dignidad es “el ser en tanto que respetable”, “el ser en tanto que debe ser respetado”, el deber de respetar las cosas como son, como les corresponde por naturaleza, de manera integral.

Recibir un trato “digno” consiste en ser tratado de acuerdo con lo que se es. Actuar “dignamente” es tratar a cada quien como le corresponde: seres humanos, culturas, animales, etc. No tratar al animal como corresponde al ser humano o viceversa, o a un ser vivo como corresponde a las cosas. Es como si dijéramos: “Hay que dar al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.

Esto nos lleva a nuestra cuestión inicial: ¿cómo tratar dignamente al paciente? Para hablar de la dignidad del paciente adoptaremos para esta ocasión el método conocido como Estructura de onda expansiva.

3. La estructura de onda expansiva

La onda expansiva es ese fenómeno que ocurre cuando, por ejemplo, en las aguas tranquilas de algún lago, arrojamos una piedra, de manera que empiezan a producirse ondas concéntricas una afuera de la otra en la superficie del agua. Así, pues, en la onda expansiva, a partir de un primer impulso surgen los demás, hacia afuera. Los círculos externos incluyen a los internos de forma concéntrica.

Este modelo corresponde bastante bien a las relaciones que guardan entre sí los distintos elementos a considerar con respecto a la noción del trato digno referido a un paciente. En nuestro caso, los distintos círculos concéntricos de la onda expansiva adquieren, al menos, los siguientes significados o valores: ser humano, paciente y paciente específico.

Lo anterior significa lo siguiente, con respecto al paciente:

  • primero y antes que nada es un ser humano, una persona, y como tal ha de ser considerado y respetado;
    • además de ser una persona, en segunda instancia es un paciente, lo cual no elimina su dignidad como ser humano, sino que la incluye;
    • en fin, es un paciente con características muy concretas y especiales: un paciente diabético, oncológico, psiquiátrico, etc. que incluye, sin eliminarlas jamás, su condición de ser humano y de paciente en general.

4. Dignidad humana del paciente

Es el momento inicial de la onda expansiva. El paciente es primero y, ante todo, un ser humano. La dignidad del paciente incluye necesariamente la dignidad humana, que jamás se podrá eliminar, además de lo específico de su dignidad como paciente en general y de su condición específica. Una forma práctica y accesible de comenzar considerando la dignidad humana es hacerlo con base en los “Derechos Humanos”, que son como la expresión reconocida de dicha dignidad en la actualidad. Tomaré como referencia la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU (1948), para considerar aspectos pertinentes en nuestro caso. Y lo haré con base en algunas preguntas tomadas de artículos de dicha Declaración:

  • ¿Consideramos y tratamos a nuestros pacientes como personas iguales a nosotros en dignidad? ¿Hacemos distinciones entre nuestros pacientes por motivos religiosos, de raza, color, origen, etc.? (Art. 1 de la Declaración).
  • ¿Sometemos a torturas o a tratos crueles, inhumanos o degradantes a nuestros pacientes? (art. 5)
  • ¿Respetamos la vida privada, familia, honra y reputación de nuestros pacientes? (art. 12)
  • ¿Respetamos la propiedad (posesiones, etc.) de nuestros pacientes? (art. 17)
  • ¿Respetamos la forma de pensar y la religión de nuestros pacientes o tratamos de imponerle las nuestras? (art. 18)
  • ¿Respetamos la libertad de opinión y de expresión de nuestros pacientes? ¿Les prohibimos o dificultamos que reciban información pertinente para ellos? (art. 19)
  • ¿Le prohibimos o condicionamos excesivamente a nuestros pacientes la posibilidad de reunirse con quien deseen? (art. 20)
  • ¿Tenemos en cuenta las circunstancias (desempleo, viudez, etc.) en que se encuentran nuestros pacientes? ¿Respetamos y tratamos por igual a las madres y a sus bebés, sean casadas o no? (art. 25)
  • ¿Respetamos ese derecho de los pacientes o tratamos de imponerles —en lugar de proponerles, de ofrecerles— nuestros propios criterios? (art. 27)

Cada vez que no respetamos alguno de los derechos citados, estamos afectando la dignidad de la persona. Recuérdese que son derechos de las personas; no obligaciones suyas, sino de quienes tratamos con ellas.

5. Dignidad del paciente

Es el siguiente momento de la onda expansiva, que sigue creciendo. La dignidad del paciente no elimina, sino que supone, la dignidad humana. Al deber de respetar a la persona por el mero hecho de ser humana, añade ahora el deber de respetarla en su calidad de paciente. Consideremos esta dimensión a partir de otro texto, titulado Derechos Generales de las Pacientes y los Pacientes, elaborado por la Comisión Nacional de Arbitraje Médico de la Secretaría de Salud (México, 2001), que señala los siguientes derechos como expresión de la dignidad del paciente:

1.   Recibir atención médica adecuada.

2.   Recibir trato digno y respetuoso.

3.   Recibir información suficiente, clara, oportuna y veraz.

4.   Decidir libremente sobre su atención.

5.   Otorgar o no su consentimiento válidamente informado.

6.   Ser tratado con confidencialidad.

7.   Contar con facilidades para obtener una segunda opinión.

8.   Recibir atención médica en caso de urgencia.

9.   Contar con un expediente clínico.

10. Ser atendido cuando se inconforme por la atención médica recibida.

Con respecto a estos derechos podemos hacernos preguntas similares a las anteriores. Y siempre que fallamos en alguno de estos aspectos, estamos afectando la dignidad de nuestros pacientes…

6. Dignidad de pacientes en situaciones especiales

Pasamos al tercer momento de la ola expansiva, la consideración específica del paciente. Considero únicamente un ejemplo (que podría multiplicarse exponencialmente, dependiendo de cada especialidad médica: cardiología, psiquiatría, geriatría, etc.): los pacientes con necesidad de cuidados paliativos.

Para hablar de los pacientes en situación terminal y de necesidad de cuidados paliativos, nos basamos en nuestra Ley General de Salud (LGS). Concretamente, en su Título VIII Bis: “De los Cuidados Paliativos a los Enfermos en Situación Terminal”, adicionado a la LGS el 05 de enero de 2009, y en el que se mencionan los derechos de los enfermos en situación terminal (aa. 166 bis 3 – 166 bis 12):[2]

  1. Recibir atención médica integral;
  2. Ingresar a las instituciones de salud cuando requiera atención médica;
  3. Dejar voluntariamente la institución de salud en que esté hospitalizado, de conformidad a las disposiciones aplicables;
  4. Recibir un trato digno, respetuoso y profesional procurando preservar su calidad de vida;
  5. Recibir información clara, oportuna y suficiente sobre las condiciones y efectos de su enfermedad y los tipos de tratamientos por los cuales puede optar según la enfermedad que padezca;
  6. Dar su consentimiento informado por escrito para la aplicación o no de tratamientos, medicamentos y cuidados paliativos adecuados a su enfermedad, necesidades y calidad de vida;
  7. Solicitar al médico que le administre medicamentos que mitiguen el dolor;
  8. Renunciar, abandonar o negarse en cualquier momento a recibir o continuar el tratamiento que considere extraordinario;
  9. Optar por recibir los cuidados paliativos en un domicilio particular;
  10. Designar, a algún familiar, representante legal o a una persona de su confianza, para el caso de que, con el avance de la enfermedad, esté impedido a expresar su voluntad, lo haga en su representación;
  11. A recibir los servicios espirituales, cuando lo solicite él, su familia, representante legal o persona de su confianza; y
  12. Los demás que las leyes señalen.

7. Conclusión

En las últimas décadas ha cambiado enormemente la visión y la normatividad acerca del trato digno hacia los enfermos. Lo importante es que tal horizonte y normatividad se hagan realidad en la cultura de manera concreta, recordando que son en primer lugar seres humanos que merecen toda nuestra consideración y respeto y que gozan plenamente de la dignidad de todo ser humano. Son también pacientes que, como tales, tienen una serie de derechos que es necesario respetar, además de sus derechos propios dada su situación específica.

Hablar de la dignidad de un paciente concreto significa referirse a la necesidad y obligatoriedad de respetarlo en, al menos, los tres aspectos mencionados: como personas, como pacientes y como pacientes específicos.

De ahí la necesidad ya impostergable e ineludible de contar con personal altamente preparado para poder cumplir con tal función, que no es fácil, pues implica un proceso arduo de formación, además de implicar una auténtica vocación y un espíritu verdadero de entrega y servicio.


[1] Para lo cual remito a la amplia literatura al respecto. El tema lo considero en el siguiente texto: Ángel del Moral, “Relectura del concepto de «dignidad» desde un marco semiótico-analógico”, en Napoleón Conde Gaxiola (Coord.). Aspectos de la hermenéutica analógica. México: Torres y Asociados, 2017, pp. 233-270.

[2] Además de las facultades y obligaciones de las instituciones de salud (art. 166 bis 13), y de los derechos, facultades y obligaciones de los médicos y personal sanitario (aa. 166 bis 14-21).